La expectativa es alta y se siente desde hace días, en las radios, en las calles y en los recuerdos más escabrosos sobre un fatídico concierto en Ferro del ’87.
Veintiséis años después, el dejo de melancolía de aquel público ochentoso se convierte en oportunidad, en un reencuentro con un antiguo amor de la juventud que reaparece en la madurez para recordar la bella época y a la vez el peor concierto de sus vidas.
Y con este sentimiento antagónico se viven las tres horas y media de The Cure en River con un Robert Smith eterno joven manos de tijera implacable que sufre, baila, entra en trance y expone abiertamente las vísceras de su alma ante 40 mil personas.
Después de un eléctrico show de Utopians y una espera razonable, las luces se apagan y se escucha Plainsong, como apertura de una obra hipnótica, de una historia inconclusa en busca de un final feliz.
El público, en su mayoría adulto, se estremece con gritos de alegría acongojada y se entrega al encanto dark de The Cure.
Dividido en tres partes y sin orden cronológico, el show parece transmitir en forma semejante el estado emocional del público y del enigmático Robert Smith: climas de expectativa, regocijo, melancolía e histeria se suceden a lo largo de las canciones.
The Cure atraviesa casi toda su discografía tocando en mayor cantidad temas de Desintegration (como Lovesong, Lullaby y Pictures of You) y de Kiss me, kiss me, kiss me como Just Like Heaven, uno de los momentos más efusivos del concierto.
“Today is the right day” (“Hoy es el día correcto”), dice Robert Smith y Friday I’m in Love convierte al estadio Monumental en un boliche.
Simon Gallup es como un holograma que se mueve por el escenario marcando con el bajo su presencia categórica y su talento conservado como el primer día.
La primera parte del recital transcurre a lo largo de 27 canciones que reflejan casi a la perfección la sintomatología de una Bipolaridad de sentimientos que van sin discreción desde la euforia, como en The End of the World, hacia la agresividad de la mano del trance hipnótico de A forest, para terminar en la melancolía de Desintegration“Canciones sobre felicidad murmuradas en sueños cuando ambos sabíamos cómo siempre es el final…”.
Dos horas después del comienzo del show, Robert Smith permanece intacto y sin signos de agotamiento; The Cure hace su primera pausa para reaparecer con una trilogía de Kiss me, kiss me, kiss me: The Kiss, Only tonight we could sleep y Fight como un puente perfecto hacia el final del show
El último impasse, la audiencia del campo agotada, los de la platea congelados de frío y la mejores canciones de The Cure se suceden una tras como en un Grandes Éxitos: Dressing up, The lovecats, The caterpillar, Close to me, Hot hot hot!!!, Let’s go to bed y Why can’t I be you?.
En una escena paradógica suenan los primeros acordes de Boys Don’t Cry y un puñado de hombres adultos se agarra la cabeza, lagrimea y mueve los pies al ritmo de la canción.
En un estado de conmoción The Cure se despide con 10:15 saturday nighty Killing an arab en un final explosivo y ecléctico.
Robert Smith, sin hacer un acto innecesario de demagogia promete regresar a Argentina. Así planta en el imaginario del público que ruega la eternidad de este momento, la semilla de un próximo reencuentro, aunque tengan que pasar otros 26 años más.
Una dulce canción al oído puede convertir una incómoda silla del campo de GEBA en un reconfortante sillón de salón imaginario.
En una perfecta noche otoñal, la previa del show de Regina Spektor encuentra a un público azotado por el frío y la desorganización de GEBA. En la espera de su aparición, un tal Jack se presenta: “Mi banda es de Nueva York así que esta noche mi IPad será mi banda” y toca solo las canciones de Only Son. Ese chico alto de rulos prominentes es Jack Dishel, marido de Regina desde 2011, y entretiene al público en la interminable espera.
Una hora más tarde de lo pautado Regina entra en escena con un vestido brillante, su boca roja y con la sencillez de su persona. Toma el micrófono, le da golpecitos y canta a capela Ain’t no Cover e invita a la audiencia a entrar en un show perfecto, y sencillo que junto a su piano y su sutil orquesta acompañándola con un Chelo, una batería y un teclado, ofrece de manera casi personal a cada uno de los asistentes.
Luego del primer tema Regina se sienta frente al piano de cola, de perfil al público y confiesa: “Comí tanto dulce de leche que no puedo respirar. Debería haberme puesto un vestido más grande”. Luego de su tierna y sincera declaración toca The Calculation, uno de los hits de Far, su quinto álbum seguido por On the Radio.
“Es más divertido el frío que el calor” bromea y la piel se estremece aún más cuando suena Ode to Divorce, uno de sus temas de antaño.
En la mitad de show la cantante sorprende con una interpretación en ruso de The Prayer de Francois Villon de Bulat Okudzhava, cantautor admirado por su coterránea. Invita a los espectadores a googlear la canción “si fuera una buena traductora se las traduciría” dice.
Luego de la intrigante interpretación, la muñeca rusa invita a su esposo al escenario y juntos interpretan Call Them Brothers, canción que ambos compusieron juntos, perteneciente a su último álbum.
En esta segunda visita al país la excusa es la presentación de su último álbum What we saw from cheap seats, pero Regina y su banda regalan un recorrido de 25 canciones por todos los álbumes.
Los momentos más ovacionados vienen de la mano de Dance Anthem of the 80’s, Better, Eet y Sailor Song.
Regina hace una falsa despedida y ante la ovación de ocho mil personas vuelve para interpretar cuatro de sus temas más importantes: Primero Us y Fidelity. Luego comienza Hotel Song, una equivocación técnica y Regina pide disculpas con una sonrisa y vuelve a empezar. Para terminar Samson, su más tierna canción, perteneciente a sus comienzos, que emociona hasta las lágrimas.
Regina se levanta del piano y recibe una aclamación de gritos y aplausos. Se despide “Te amo, te amo” y olvidado del frío el público se levanta de sus asientos con el calor de todo el amor recibido en canciones durante las casi dos horas de un show íntimo y conmovedor.
Tres años después de la última visita en Argentina, Franz Ferdinand se presenta bajo el misticismo cósmico del Planetario para ofrecer un show gratuito y al aire libre.
En el marco del Movistar Free Music, el público llega hasta el Parque Tres de Febrero con el pan bajo el brazo en apoyo a los damnificados de la última tormenta catastrófica que azotó a Buenos Aires.
No you girls y el recital de Franz Ferdinand comienza bien arriba, con su último gran hit. La audiencia expectante se libera de la hostilidad de los días pasados en un baile frenético.
Después llegan las sorpresas: durante la hora y media de show la banda de Glasgow presenta siete canciones nuevas, aún sin editar, entre las que se destacan Right Thoughts! Right Words! Right Action!, Evil Eyes y Fresh Strawberry pronosticando un nuevo disco más oscuro y visceral.
El concierto estalla al ritmo de Do you want me y el parque se convierte en una pista de baile; momento que se repite con Take me out, hit debut del cuarteto.
Franz Ferdinand emana una energía avasallante que deja satisfechos a los espectadores desde el vip hasta el final del campo.
Hacia el final de la primera parte del concierto, Alex Kapranos junto al guitarrista Nick Mc Carthy y el bajista Bob Hardy, rodean a la batería de Paul Thomson y entre los cuatro repiten la misma fórmula de sus presentaciones pasadas y tocan al unísono Outsiders en la batería. Antes de que los golpes terminasen, una fan consigue atravesar las barreras de seguridad, se cuelga de Kapranos, saluda “hola” con desenfado a la audiencia desde el micrófono y sale escoltada del escenario nada menos que de los brazos de los músicos.
Con las luces aún apagadas la expectativa del público se traduce en gritos, cánticos y la vuelta de la banda para un golpe final: el clásico Jacquelin, una última entrega de novedad con Trees and Animals y el parque Tres de Febrero se enciende con This Fire. Franz Ferdinand se despide al canto de “I’m going to burn this city” (voy a quemar esta ciudad) demostrando a casi diez años de su debut, su posicionamiento sobre los escenarios como una banda referente del rock bailable, capaz de encender a cualquier audiencia.
Lista de temas: http://www.setlist.fm/setlist/franz-ferdinand/2013/planetario-galileo-galilei-buenos-aires-argentina-3bd8f410.html